El Cinzano de Valparaíso está de duelo:
Murió Carmen Corena



Para quienes hemos carreteado repetidas veces en
el bar Cinzano del Puerto, la noticia nos llenó de pena.La cantante de tangos, boleros y ritmos tropicales Carmen Corena falleció este lunes en el Hospital Van Vuren de Valparaíso. La escuché en muchas oportunidades y siento su partida desde lo ondo de mi corazón. La fama , tan esquiva entre los artistas de bares y locales nocturnos le llegó en forma tardía. Con gran generosidad El bajista de Los Tres Titae Lend, rescató del anonimato a los cantantes y músicos del Cinzano cuando grabó el disco "Una noche en el Cinzano", experiencia que repetiría al año siguiente con el segundo disco "Otra noche en el Cinzano". Mi recuerdo cariñosos para esta valerosa mujer y el testimonio de dos personas que la conocieron de cerca y que la mencionan cuando hacen recuerdos en el reportaje "Mis noches en el Cinzano" escrito para un blog sobre la historia de este bar centenario.
Eduardo Calderón, productor de efectos especiales para cine:
Conocí el Cinzano el 5 de Mayo de 1989, era el día de mi cumpleaños número 21 y decidí ir a festejarlo a Valparaíso con una mujer maravillosa con la que recién andaba “pinchando”. Era ella me había llevado a conocer ese misterioso lugar, porque era asidua visitante junto con su hermano mayor, un destacado dirigente de la Concertación que había tenido un rol preponderante en el Plebiscito del 88. Yo te diría que fue ahí, en ese local, en medio de las chorrillanas, borgoñas, tangos y boleros que comenzamos pololear.
Cuando nos fuimos a vivir juntos, lo visitábamos seguido, porque andábamos eufóricos, era mi primera experiencia de adulto y aunque Karina era algo mayor que yo, lo pasábamos bien y nos gustaba la bohemia. Nos encantaba escuchar los boleros y fue en el Cinzano donde aprendí a bailar tango. Durante los 3 años que convivimos con Karina, nunca dejamos de visitarlo. Cualquier fin de semana que teníamos libre nos escapábamos al puerto. Incluso nos hicimos amigos de Carmen Corena, la cantante de tangos y solíamos invitarla a nuestra mesa para que nos acompañara con su conversación llena de anécdotas y recuerdos de la bohemia porteña y de la vida cotidiana en el puerto. Era muy cariñosa con nosotros y lo sorprendente era que nunca dejaba de tejer mientras descansaba a la espera de su turno para subir al escenario. Pero como todas las cosas en la vida, mi relación con Karina se fue desinflando y luego con el tiempo terminó, con gran dolor para nosotros dos. Dejamos de vernos. Y yo me olvidé del Cinzano. Pero igual hablábamos por teléfono y nos enviábamos recados y saludos con su hermana.
Después del retorno a la democracia, el nuevo Alcalde de Viña del Mar y el Gobierno democrático, pusieron fin a los 17 años de silencio cultural y re inaguraron el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar.
Fue un gran acontecimiento para el mundo del cine, en el que yo trabajaba como realizador de efectos especiales, para todos mis colegas y especialmente para mi, porque acompañé a mi nueva pareja, Tatiana, a la presentación de su video documental. Después de las proyecciones en el teatro Municipal, nos escapamos solos al puerto para ir al Cinzano a festejar los elogios y felicitaciones que había recibido por su película.
El local estaba casi vacío, pero tuve la mala suerte que cuando eran como las dos de la mañana, mientras estábamos comiendo y haciendo brindis, abrazados, besándonos y jurándonos amor eterno apareció por la puerta del recinto,Karina, mi ex mujer, acompañada de su familia, su hermana, su mamá y su hermano mayor, en esos momentos, flamante Ministro del Gobierno del Presidente Patricio Alwin. Los garzones que lo conocían desde tantos años se acercaron a saludardo. De inmediato Karina se dio cuenta que yo estaba ahí, acompañado de mi nueva pareja. Me miró directo a los ojos y se detuvo bruscamente. Se devolvió y salió a la calle. Su familia desconcertada la llamaba para que volviera. Ellos también me vieron y se dieron cuenta de la situación. Se devolvieron siguiendo a Karina y detrás de ellos los garzones invitándolos a pasar.
En ese instante deseaba que la tierra me tragara.
Me dejó triste ese momento.
A los días después recibí una carta de Karina, diciéndome que ese acto de ir al Cinzano con otro amor, ella lo tomaba como una traición y me acusaba de desleal.
Yo creo que no fue deslealtad, porque ya habíamos terminado y ese local nos pertenece a todos.
Alejadra Ramirez, profesora de Historia
Andaba con atraso en la regla, había pasado ya una semana y las dudas se convertían en certeza. Yo “sabía” que estaba embarazada, eso me lo decía el cuerpo y aquello me producía vértigo. También incertidumbre, era la primera vez que estaba viviendo algo así. Me sentía alegre, pero quería confirmarlo antes de decírselo a mi pareja.
Cuando nos subimos al auto para ir a Valparaíso por el largo week end de Semana Santa decidí que antes de salir de Santiago pasaría por una farmacia a comprar un Pregnosticon, así lo hice y lo guardé en mi bolso de cuero artesanal. Cuando íbamos subiendo la cuesta Barriga para evitar el peaje, le pregunté a Horacio, mi pareja desde hacía un año, si le gustaría ser papá, me miró con cara de espanto y un rotundo ¡NO! retumbó en mis oídos. Quedé desconcertada.
Me entristecí y pensé si acaso me había equivocado al elegir pareja. Pero la música de Fito Páez que salía del tocacintas y la sonrisa pícara de Horacio desde el volante me hiso dudar. ¿Y si lo tenía sola, sin pareja? Total, me faltaba poco para titularme de profesora, había trabajado desde niña y nunca nada me había faltado, ¿por qué me habría de faltar ahora que iba a tener un hijo?, ¿ o hija? Pero primero tenía que hacerme el test y ver. Me estaba pasando películas absurdas y Horacio desde el volante me hacía promesas de amor y ya estábamos bajando por Agua Santa para darnos una vuelta por Viña primero y la próxima parada en el Puerto era el Cinzano donde lo único que ansiaba en esos momentos era comerme una chorrillana y tomarme una cerveza. ¿Eran deseos o era “antojo”?
Entramos al bar y como siempre don Jorge Campusano, el administrador y amigo de mi familia me saludó con el cariño de siempre y nos llevó hasta la mesa que había ocupado mi padre durante 40 años y tal como lo hacía cada vez que visitaba ese sitio sagrado del puerto, me llevó un shop helado, como “atención de la casa”. Horacio me miraba a los ojos y me señalaba las ojeras y lo demacrado que tenía el rostro.
Mientras bebía la cerveza y ordenaba la chorrilana, yo pensaba que si me tomaba otro shop pronto me darían deseos de orinar y podría hacerme el “pregnosticon”. Me lo tomé al seco y pedí otro. Horacio muerto de la risa, me preguntaba si "me había caído al frasco", mientras engullía con aplicación un sandwhisch de pernil con un vaso de vino tinto. Sí, le contesté, tendrás una mujer alcohólica, así que si quieres tener a tu lado a una señorita de buenos modales, me puedes dar “filo” de inmediato. Horacio estalló en risas. Después del segundo shop, cuando recién iba por la mitad sentí unos deseos profundos de orinar, pero me aguanté, como siempre lo hacía cuando Horacio me estaba hablando algo entretenido, postergaba la ida al baño hasta casi orinarme en los calzones, para no perderme la conversación. Cuando los músicos subieron al escenario no pude aguantar más, me paré y hablé con don Jorge y me acompañó hasta el baño del personal que era más privado que los baños del público.
Cuando saqué de la cartera el display con el Pregnosticón, me miré al espejo y contemplando mis ojeras me pregunté si después de salir del Cinzano sería una madre soltera o una madre con pareja, si sería una buena o mala madre, si mi hijo sería feliz o infeliz. Si lo tendría o me haría un aborto. Saqué el pequeño adminículo de plástico y lo preparé. Me senté con confianza en la tabla del WC y solté el chorro, afuera Carmen Corena cantaba el bolero "Noche callada". Después de aliviar la vejiga pude controlar el esfínter y sobre el dedo índice solté un pequeño chorro de orin y con dedo goteando lo ubiqué sobre el pequeño centro de plástico, hasta que cayeron tres pequeñas gotas. Esperé unos segundos llena de tensión. Afuera, ahora se escuchaba el mambo "El bodeguero" y me pareció que esa era la música que se merecía mi hijo o hija que en esos presisos instantes me anunciaba su llegada cuando el adminículo se tiño color rojo, el color de positivo. ¡Viva! Exclamé a todo pulmón. ¡Huuu! Seguí gritando. Estaba embarazada y eso había que festejarlo. Me subí los calzones, me miré en el espejo y no vi ninguna ojera, mi rostro estaba feliz y radiante, me sentía más bonita y el mundo me pertenecía. Muerta de la risa salí del pequeño retrete. En la puerta me encontré con don Jorge Campusano y abrazándolo le conté que iba ser mamá. “Eso es muy bueno Alejandrita, su papá se hubiese sentido feliz”. Si, le contesté mientras hundía mi rostro en su pecho y sus barbas sin afeitar me picaban la frente.
Cuando llegué a la mesa, Horacio me recibió con un beso y alzando la mano con el vaso de shop en alto le dije ¡salud vamos a ser padres!






















































mbdOmcNByJgsOQy